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De la fiebre del oro a la fiebre del litio: así es la carrera por los minerales del futuro

Movilidad sostenible
23/01/2023

La transición energética depende de los llamados minerales críticos, como el litio, el cobalto o las tierras raras

Se concentran en un puñado de países y la limitada capacidad de extracción actual puede provocar "cuellos de botella"

Imagen de De la fiebre del oro a la fiebre del litio: así es la carrera por los minerales del futuro

El mundo se adentra en la transición hacia las energías renovables para dejar atrás los combustibles fósiles y los viejos problemas que estos arrastran: las emisiones de gases de efecto invernadero, un precio volátil o la inseguridad en el suministro, cuyas consecuencias se han hecho dolorosamente patentes con la guerra de Ucrania. Sin embargo, el nuevo mundo hacia el que se ha comprometido a avanzar la comunidad internacional no está exento de riesgos.

Para construir placas solares, molinos de viento o vehículos eléctricos son necesarios los llamados minerales críticos, una lista de compuestos que cada país considera esenciales para el funcionamiento de su economía, y cada vez más, para una transición ecológica imprescindible si se quiere luchar contra el cambio climático.

Entre estos minerales están el litio, el cobalto, el níquel o las tierras raras, materiales, en muchos casos, escasos o bien con reservas poco exploradas, pero que en los últimos años han vivido una gran explosión en su producción y en su uso. Un coche eléctrico requiere seis veces más recursos minerales que uno convencional, mientras que un parque eólico necesita nueve veces más que una planta de gas natural, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

Hasta ahora, ha habido suficientes para garantizar una transición energética que ha dado sus primeros pasos, pero los escenarios futuros aparecen menos claros. "Tal y como se ha planteado la transición, no hay suficientes reservas", asegura a RTVE.es Alicia Valero, investigadora en minerales críticos en la Universidad de Zaragoza. "Se tienen que multiplicar por cuatro las reservas de litio, casi lo mismo las de cobalto, casi por tres las de cobre, etcétera", señala.

Pone el ejemplo del cobre, relativamente abundante, pero muy utilizado en vehículos eléctricos y la producción eléctrica renovable. "Se espera que la demanda se duplique en diez años. Eso implica que tendríamos que descubrir cada año una mina como la más grande que existe en el mundo, La Escondida de Chile", apunta.

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El posible "cuello de botella" que puede ralentizar la transición energética

"No es tanto un problema de tener suficientes reservas geológicas, sino de si el ritmo al cual se pueden explotar esas reservas es el mismo al que va el crecimiento de la demanda tecnológica de esa transición", apunta por su parte Araceli Fernández Pales, directora de la Unidad de Innovación Tecnológica de la AIE.

La demanda de estos minerales no ha hecho más que aumentar a medida que han madurado las tecnologías verdes, y no dejará de hacerlo en los próximos años. De aquí a 2030, se multiplicará entre 1,5 a siete veces en cada uno de los cinco minerales críticos clave (litio, cobalto, níquel, cobre y neodimio), en un escenario de emisiones netas cero para 2050, según el último informe de la AIE, del que Fernández es una de las autoras.

Para abastecer estas necesidades, la capacidad de extracción tiene que expandirse "rápidamente", especialmente para el litio, añade el informe. Abrir una mina, sin embargo, puede llevar 10 o incluso 15 años desde que se identifica el yacimiento hasta que se explota económicamente. Estos largos plazos "aumentan el riesgo de que el suministro de minerales críticos se convierta en un importante cuello de botella en la fabricación de tecnologías limpias", sigue este organismo internacional.

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Esto puede provocar que los bajos precios de la energía solar y eólica de los últimos años, que hasta ahora las han hecho competitivas en la generación eléctrica respecto a los combustibles fósiles y por tanto han facilitado la transición energética, sufran "más volatilidad", lo que puede ralentizar el ritmo de esta transición. "De hecho, en 2022 ya hemos visto cómo los precios de tecnologías como baterías, electrolizadores, placas solares o turbinas eólicas, han aumentado su coste, un cambio de tendencia porque llevamos décadas viendo bajadas de los costes de producción", señala desde París esta analista española.

Todo dependerá, considera, de si este aumento en los costes -de momento, bastante limitado- se mantiene en los próximos años o se trata de un hecho puntual. Por el momento, "hay muchas inversiones que se están movilizando rápidamente", lo que facilitaría que estas tecnologías mantengan sus precios competitivos. 

Un puñado de países concentran la producción mundial

Entre los 30 minerales críticos que contempla la Comisión Europea están el litio y el cobalto, materiales tecnológicos que se usan en las baterías de los vehículos, las tierras raras, necesarias en las turbinas eólicas, y el indio y el galio, para las placas fotovoltaicas. No está incluido el níquel, que sí aparece en la lista de Estados Unidos, y que también es fundamental en las baterías, o el cobre. Otras listas también incluyen el zinc, el manganeso o el grafito.

Estos minerales tienen otro problema asociado: están concentrados en apenas un puñado de países. La República Democrática del Congo produce el 70% del cobalto que se usa en el mundo, mientras que solo tres países extraen el 90% de la producción de litio -solo Australia produce más del 50%, Chile casi un 25%-, según datos del Servicio Geológico de Estados Unidos.

"El principal acaparador de materias primas de China, ya sea porque las produce en su propio territorio o porque las controla", afirma Valero. El gigante asiático produce el 60% de las tierras raras, un conjunto de 17 elementos de la tabla periódica entre los que se encuentran el neodimio y el disprosio, usados en los imanes permanentes de la energía eólica. Con otros minerales que no extrae, como el litio, compra el concentrado en su origen y lo refina en su territorio para poder exportarlo al resto del mundo.

“"El principal acaparador de materias primas de China, ya sea porque las produce en su propio territorio o porque las controla"“

El citado informe de la AIE advierte de que "la elevada concentración geográfica de la producción actual crea riesgos para la seguridad del suministro", por lo que considera "cruciales" las asociaciones estratégicas entre países.

Los expertos también llaman la atención sobre los dilemas éticos de la extracción en países como el Congo. "Siempre se asocia a que hay trabajo infantil, aunque las empresas mineras dicen que tienen certificado de producción ética de todo su cobalto. Pero la realidad es que su economía depende mucho de la extracción de cobalto y crea eso tensiones geopolíticas", señala Rosa Palacín, investigadora en el Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (ICMAB-CSIC) y especialista en el estudio de materiales para baterías.

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Reciclar los minerales de las baterías, ¿una solución para el futuro?

No obstante, los minerales críticos tienen una importante ventaja respecto a los combustibles fósiles, señala Palacín, y es que se pueden reciclar tras su uso. "Cuando el petróleo se utiliza, emite CO₂ y se va a la atmósfera, pero cuando las baterías se han gastado, siguen teniendo cobalto, seguramente en un porcentaje más alto que el mineral inicial, y se puede volver a utilizar", sigue esta investigadora.

Ya hay plantas para el reciclaje de baterías usadas, una de ellas en Melilla, pero "el problema principal es que la gran cantidad de baterías para reciclar aún no ha llegado", asegura. Aunque ya se han usado muchas en móviles, ordenadores y otros dispositivos electrónicos, estas son muy pequeñas y con materiales muy diversos. El 'boom' de los vehículos eléctricos, donde estarán las baterías propicias para ser reutilizadas, está "empezando a despuntar" pero aún no ha llegado.

Por ello, la científica del CSIC cree que es posible que se dé un periodo de "escasez" cuando se haya expandido el uso de baterías pero aún no haya pasado el tiempo necesario para que se puedan reciclar a gran escala.

Valero, por su parte, se muestra escéptica con el alcance del reciclaje. Lo ve "necesario", pero cree que aún estamos muy lejos de su generalización: "Los productos no están diseñados para ser reciclados, no hay canales de recolección de esas materias primas críticas, no hay una legislación que obligue a reciclarlos". Señala que la tasa de recuperación podrá mejorar gracias al diseño, pero nunca será del 100%, y si la demanda sigue aumentando de manera exponencial, "siempre será necesaria materia prima virgen", lo cual implica abrir nuevos yacimientos "y acercarnos más a los límites del planeta".

Otras alternativas al consumo actual pueden serlas baterías que usen otros minerales. Se ha ninvestigado unas que sustituyen el litio por el sodio, un mineral muy similar y más abundante, y también se analiza cómo sustituir el níquel y el cobalto. "La clave está en diversificar, en no utilizar la misma tecnología para todo", resume Palacín.

Además de las mejoras tecnológicas, en eficiencia y diseño, la profesora de la Universidad de Zaragoza apuesta por reducir la producción y el consumo superfluos. "No se puede pintar de verde la economía tal y como se entiende hoy en día, hay que repensarla de cero, abolir la cultura de usar y tirar". Cree que es posible que los recursos de minerales alcancen para aquellas potencias que implanten antes la transición, como Europa y Estados Unidos, pero no para todo el mundo. "En un planeta finito no caben deseos infinitos", asevera.

Minas en Cáceres o Ciudad Real para la independencia energética

Para evitar la dependencia del exterior, y no cambiar sustituir una "dependencia de los combustibles fósiles por una multidependencia de materias primas", como plantea Valero, la Unión Europea ha lanzado una estrategia para aprovechar los recursos presentes en el Viejo Continente.

Ahí, España tiene un papel importante. Se investiga la extracción de litio en Cáceres, de tierras raras en Ciudad Real, o la reapertura de la mina de Penouta en Ourense para conseguir coltán, necesario sobre todo para los dispositivos electrónicos. Pero en muchos de estos lugares aparece el "efecto NIMBY, Not In My Backyard (no en mi patio trasero), en inglés", apunta Valero, según el cual la población afectada se niega a tener una mina cerca por su afección al paisaje y al medio ambiente local, lo que ocurre también con algunas instalaciones renovables.

 EFE/ EDUARDO VILLANUEVA

"Reconociendo que la minería va a ser necesaria y que es mejor extraerla en nuestro territorio, lo que hay que hacer es que esa minería favorezca a la población cercana, que no sean contratos multinacionales y que sea lo más respetuosa posible con el medio ambiente", enumera Valero. Por ejemplo, en lugar de tratarse de una mina a cielo abierto sea subterránea, como ha ocurrido con el proyecto de Valdeflores, cerca de la ciudad de Cáceres.

Fernández apunta, como una solución al problema de la concentración geográfica de la producción de estos minerales, que cada región "diseñe una estrategia de cómo se quiere posicionar en esa cadena de suministro". Aquellas que tengan reservas podrán explotarlas, pero los países que no dispongan de ella también pueden "posicionarse en el lado de la manufactura o el procesado" de estos materiales.

Bruselas propone un "club de materias primas críticas" para hacer frente al monopolio de China

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En ese sentido va la propuesta de Bruselas, anunciada el martes, de impulsar el procesado de estos minerales en territorio comunitario, y crear además un "club de materias primas críticas" entre la UE y países afines, como Estados Unidos, para contrarrestar el "monopolio" de potencias como China. Hace apenas unos días se halló además en Suecia el mayor yacimiento de tierras raras en la UE, un descubrimiento clave para el futuro energético del continente.

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